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Vuelve a retomar su idilio con el cine y la cámara. Dos años retirada de un mundo que la dejó sorprendida han sido bastantes para curar los malos farios y las cosas que hicieron daño a Silke después de que poco menos se convirtiera en una intérprete de magnetismo sensual. Ahora estrena tu que harias por amor, ya en cartelera desde el viernes, película de personajes del suburbio en la que la actriz de 26 años interpreta a una mujer atrapada entre el amor, la rabia y las ganas de huir. Es el primero de los tres estrenos suyos en este año de su regreso.

en El Espectador

"NO SUPE ENTENDER LA FAMA"

Silke vuelve al cine en tu que harias por amor, su primer trabajo tras dos años de retiro voluntario



Silke ya y viene sola, y a contracorriente. Cuando todos los chicuelos de su generación veinteañera se creen que si no paran se los van a comer, ella va y echa el freno. Cuando podría haber aprovechado un temporal que pedía a gritos un mito erótico espafiol de los noventa y forrarse haciendo anuncios o encarar una carrera internacional jugosa, ella se traslada a vivir a las islas Baleares y se compromete a muerte con su hermana mayor para crear una marca ropa. Paró. Pensó. Se ha conocido un poquito mejor y ha vuelto a lanzarse a las pantallas ya más madura, más sensata, más reposada. "Nunca imaginé qué era el mundo del cine, lo viví de pronto", dice. "Hubo un momento en el que no supe llevar lo que me estaba pasando y me quise dar un tiempo, no supe entender lo que es la fama y lo que conlleva y no me identifiqué con el personaje que se había hecho de mí", cuenta con el corazón abierto.

Parece presa de un karma positivo que ha debido agarrar durante un viaje de tres meses por la India. Allí ha pasado una temporada en Bombay, en Benarés, la ciudad de la muerte, "y de la música y de la vida, también", agrega ella. "No hay una país como la India", dice, "las sensaciones, los colores, tiene carácter, es salvaje". No cuesta imaginársela caminando descalza por rutas empolvadas, rodeada de monos y atenta a los gurus, con una puka, esos pegotes que se ponen las mujeres en la frente, de color verde. Le va. Bueno, le va todo. Tiene los brazos largos y la media sonrisa y media mirada que todavía esconden desconfianza. Lleva un collar. Ostentoso, negro y verde, del que agradece los piropos como si se los echaran a ella misma. Entra en los pantalones negros brillantes con rodilleras, diseñados por su hermana, como un alfiler. Por algo pide refrescos light, no sólo porque, según ella, le guste más cómo saben. Pero no sólo ha viajado a la india. "He estado en París; en Londres, también", dice, por puro placer.

Y en Argentina, trabajando. "Allí he rodado Diario para un cuento y Felicidades", dice. "Adoro Buenos Aires, los argentinos son unos actores excelentes pero allí los menosprecian, no me lo explico". También ha hecho Almejas y mejillones, "una comedia gastronómica", define, y Kilómetro Cero, de Yolanda García Serrano y Juan Luis Iborra. Es lo que está por venir. Porque lo que ya ha llegado a las carteleras es Tú qué harías por amor estrenada el pasado viernes, de Carlos Saura Medrano, hijo del ilustre Carlos Saura y heredero del cine social comprometido. "En la película yo hago de Sira, una mujer buena y no como aparece en la película, donde está siendo, de una determinada manera, diferente a su naturaleza; se mueve por la traición, por el dolor de haber perdido a un hermano; no es que no sonria, que sea vengativa y orgullosa, es que está viviendo una etapa así en su vida", cuenta.

Silke disculpa los defectos, cura heridas, parece una buena persona. Quiere comprender lo que rodea a los personajes. "Para mi, en esta película, es más importante el drama de las gentes que salen retratadas que el entorno social". Todo acompaña. De hecho, sus personajes añoran escapar de la chatarra de coches quemados, hormigón irracional y polvo negro en el que mandan las bandas de macarras y los trileros de la droga. A eso, Silke también le encuentra belleza. Es el karma importado, sin duda, y también, un poco, su exilio de islas y sol mediterráneo que hace que le encuentre un sentido hasta exótico a esos lugares. "He encontrado belleza en esos sitios. La hay. Nunca me había planteado que llegaría a ver bonito un vertedero, pero tiene un encanto visual y estético, y también es algo que me afecta y me ocupa".

Reciclaje

No es que la preocupe, es que la ocupa. ¿Cómo? "Pues, para empezar, siendo consciente y con tres recipientes de basura diferentes para cada cosa en mi casa, uno para el cristal, otro para la comida y otro para el papel; así lo enseño y convenzo a la gente de mi alrededor para que haga lo mismo", suelta. Es la Silke guerrera, aunque empuña sus armas sin levantar la voz, con ese yoga mental crónico que destila y que le da tranquilidad y capacidad de encaje.

Dice que trabaja para viajar también. Es de las cosas que más le gustan, no el cine y la moda, como podría parecer. "Del cine me gusta la interpretación y de la moda, los diseños de mi hermana", aclara. Así que acaba los rodajes y se lía el macuto a la espalda, algo que tiene que ver con el personaje que la lanzó, el de Hola, estás sola? su primer papel conocido por el público, a las órdenes de una debutante, Icíar Bollaín. "No me identifico con la manera de viajar que tenían ellas; yo me dejo llevar, no me organizo, viajo mucho sola, no voy a hoteles, alquilo habitaciones o voy a casas de gente de los lugares. Me gusta conocer a las personas no los monumentos, cuantas más estrellas tienen los hoteles más te alejan de los sitios", afirma.


El Espectador (14-Mayo-2000)
Texto
Jesús Ruiz Mantilla
Fuente

El Espectador
Suplemento de El Pais
Domingo 14 de Mayo de 2000
Sección Rostros Pag. 5


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